El cuchillo ensangrentado de ira.
El reloj marcaba las 23:30 de la noche en la oscura y penumbrosa Alameda. Todo
transcurría con normalidad, solo el resonar de las bocinas haciendo apurar el
tránsito liquidaban con la tranquilidad de la fría noche.
Todo estaba oscuro, solo se podía ver cuando las luces de los vehículos
desvanecían la tiniebla.
Este ambiente generaba un misticismo macabro, un miedo infernal. Ese mismo
miedo era el que sentía la señora Ángela Jacob al estar a metros de su casa, un
escalofrío le invadía desde la punta de los pies, subiéndole por su columna
vertebral hasta llegar a su nuca momento en el cual se estremecía frenéticamente.
Para la Sra Ángela el introducir la llave en el cerrojo de la puerta y hacerla
girar era como sentir que todos los demonios del infierno le dieran la peor
golpiza del mundo.
Ella sabía que al momento de cruzar el umbral de la puerta encontraría a ese
hombre al que amaba pero que al mismo tiempo la aterrorizaba esperándola sentado
en el sofá del living.
Él era un hombre machista, robusto y de aspecto rudo, narcisista potenciado al
nivel más atroz del espectro humano. Ella siempre lo saludaba muy cordial y
amorosamente, esperando una respuesta a sus muestras de cariño, pero solo lo
que recibía eran insultos y golpes por parte de su enamorado.
Todos los días era lo mismo, golpe tras golpe, insulto tras insulto, era una
rutina que Ángela no quería más para su vida pero le era tan común como
levantarse temprano cada mañana para ir a trabajar.
Su cuerpo estaba marcado por cicatrices y moretones los cuales sabía disimular
a la perfección, eran parte de su vida, la misma a la que ella estaba decidida
a cambiar de una vez por todas.
Esa noche algo hizo que cambiara su pensamiento, que cambiara su destino de
vida.
Decidida caminó raudamente a la cocina y tomó el cuchillo más grande que encontró,
lo empuñó y con toda su rabia se dirigió al living.
En el momento de estar frente a su enamorado liberó toda la rabia que tenía acumulada.
Estocada tras estocada sentía cada vez más libertad, sentía cada vez más ganas
de vivir, se sentía cada vez más amada.
Una vez agotada soltó el cuchillo que la liberó de las cadenas que la
condenaban y esclavizaban. Se sentía por primera vez tranquila en su casa, por primera
vez no sentía miedo estar allí.
Pasaron los minutos y Ángela volvió a entrar en razón, se dio cuenta de lo que
había hecho.
Decidió que lo mejor era entregarse a la policía y confesar su delito.
En su declaración lo único que quiso decir fue: “Cuando alguien se enamora lo
hace de corazón, una espera que la otra persona sienta lo mismo.
Que te diga palabras bonitas y te respete, no que te golpee y que lo único
bonito que te diga es que eres una basura, eso no es amor".
El tribunal decidió no arrestarla debido al daño que sufrió. Ángela
decidió que la mejor manera de darle sentido a su nueva vida es ayudar a
otras mujeres que sufren maltrato por parte de sus parejas, dándoles orientación,
apoyo y protección. De esta manera no les pasará lo que a ella le pasó.
Hoy Ángela es la mujer más destacada en su área de trabajo y siente que después
de todo lo ocurrido volvió a nacer y volvió a vivir.

Ella la ensangrenta !! jajaja
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